Concurso de Dibujo

En los orígenes de la Real Academia de Bellas Artes de Granada está la preocupación por promocionar el germen sustentador de las Artes: la técnica del Dibujo. Como dijo Hockney: “al aprender a dibujar, se aprende a mirar”. Con motivo de la conmemoración del 225 aniversario de la Fundación de la Academia y en un guiño a los orígenes como escuela dedicada a las Nobles Artes, la corporación crea el Concurso de Dibujo, el cual, tras el éxito de la primera edición, se prolongo en años sucesivos hasta la celebración de la IX edición en el año 2010.

IX Concurso de Dibujo

El Espíritud del Dibujo

El dibujo representa para nosotros,
más que una habilidad, una higiene;
más que una higiene, una moral;
más que una moral, una intensa filosofía.
Eugenio d’Ors

Al otro lado de la mitología creada durante el largo periodo prehistórico como adorno y orígenes del dibujo, el Renacimiento le concedió junto a la poesía un lugar de privilegio al considerarlo disegno –Dios-señal: Señal de Dios–, denominación precisada de todo un corpus razonado cuya raíz se remonta a Belén, donde la figura del Dios lejano de la Biblia irrumpe desde un modesto pesebre, trasformado en Niño, cuya presencia cambia normas de pensamiento ancestrales.

Sí, existe una larga trayectoria de secuencias mitológicas y empíricas que muestran la fertilidad del dibujo en el territorio del arte, desde las Cuevas de Altamira hasta hoy. Como necesidad vital y como herramienta de progreso, el dibujo forma parte del desarrollo humano: antes del homo sapiens existió el homo habilis y con éste el primer eslabón de una cadena de conocimiento conducida por el pensamiento.

Bergson decía que “La existencia de la que más seguros estamos y la que mejor conocemos es, indudablemente, la nuestra, pues de todos los demás objetos tenemos nociones que podemos considerar exteriores y superficiales, mientras que a nosotros mismos nos percibimos interiormente, profundamente”, de aquí que la primera línea, más o menos garabateada, trazada por el niño sin previa enseñanza deje de ser una abstracción en él para convertirse en algo íntimo que puede hacer sin ayuda de nadie, mientras que “el niño aprende a amar al otro” como definición propia.

Cuentan que Miguel Ángel destruyó muchos de sus dibujos preparatorios por negarse a que la posteridad pudiese penetrar en la verdadera magnitud de su personalidad y en la intimidad de su trabajo, y cabe pensar que Velázquez pudo hacer otro tanto. Reflexivo, interiorizado y secreto, merece reparar en torno a los escasos dibujos que se conocen de mano del maestro sevillano y, sin embargo, lo verdaderamente admirable de su precisión de la forma, generalmente concebida para mesurar lo penetrante de su percepción psicológica a la hora de efigiar personas y personajes.

Como herramienta de trabajo, en pleno Renacimiento los artistas se desplazaban de un lugar a otro con sus repertorios de dibujos, carpetas en las que guardaban obras suyas y otras ajenas como parte de la imaginación colectiva, tan necesaria para acometer con garantía de éxito sus encargos. Con un poco de imaginación podemos intuir a Miguel Ángel desplazándose de un lado a otro con sus repertorios de dibujos bajo el brazo, coleccionados desde sus años de aprendizaje en el taller de Ghirlandaio.

Sin embargo, debido al imperio del moderno comercio, aunque la ecuación simonídea –pintura, poesía– sigue teniendo vigencia, el dibujo, no obstante su libérrima condición alcanzada con el romanticismo, se está convirtiendo en pariente menesteroso del arte, separado de su esencia como metáfora de las artes plásticas en cuanto que a todas sirve por igual de verbo iniciático, cuyo sonido y contemplación se escucha ya muy lejano a la Florencia de la segunda mitad del siglo xv, en donde, en estimación muy acertada de Marco Meneguzzo, “el dibujo constituía la base de todo conocimiento empírico, el sustrato indispensable para cualquier construcción, fuese artística o científica, o ambas cosas a la vez”.

En un tiempo de prisas, saber escuchar a través de la mirada no es demasiado plausible, e inquirir desde la placidez del silencio resulta aún más sospechoso ante las grandes palabras que alimentan el ego de hoy. De igual modo que la poesía acaba separada de los medios de difusión actuales, el dibujo pasa a ser una especie de hermano menor en el universo de la imagen.

Si toda obra de arte se asemeja, en cierto modo, a la palabra, dentro de ésta la poesía es la más separada del lenguaje estándar, de modo parecido a como lo hace el dibujo respecto de las artes plásticas. Ambas manifestaciones, en palabras de Paul Valéry, junto a las matemáticas, “son las tres creaciones del ser humano más importantes”; de aquí, la reivindicación del dibujo por nuestra Academia.

Miguel Viribay
Académico Numerario de la Real Academia de Nuestra Señora de las Angustias

Fallo del IX Concurso de Dibujo (2010)

Reunido el Jurado para conceder el Premio del IX Concurso de Dibujo, presidido por D. José García Román, Director de la Real Academia, e integrado por los Académicos D. Jesús Conde Ayala, Académico Conservador, D. Domingo Sánchez-Mesa Martín, D. Juan Antonio Corredor Martínez, D. Cayetano Aníbal González, D. José Antonio Castro Vílchez, D. Joaquín Casado de Amezúa Vázquez y, actuando como Secretario, D. Francisco González Pastor, Académico Secretario General, acordó, una vez llevada a cabo la selección entre las sesenta y siete obras presentadas, conceder por mayoría el Premio a D. Guillermo Adolfo Pérez Masedo por la obra Sin título, con el lema Vorace Alexander.

Quedó finalista la obra Rastro de lágrimas de D. Paco Lafarga Bialcanet.

El Jurado seleccionó, además del premio, cuarenta y cinco obras para la exposición pública.

En Granada, a veintisiete de abril de dos mil diez.

Primer Premio. Sin Título. Guillermo Adolfo Pérez Masedo
premio_dibujo
Finalista. Rastro de lágrimas. Paco Lafarga
finalista_dibujo

Exposición del IX Concurso de Dibujo

Todo gesto artístico es un acto de rebelión contra la vulgaridad del mundo que al mismo tiempo que nos pretende adocenar, nos estimula a liberarnos de ataduras y sumisiones que tienden, como el difumino, a eliminar las líneas finas y precisas del dibujo de nuestra vida más honrada.

El Arte es hijo del talento, la responsabilidad y la disciplina, y aunque existe una tendencia a restar importancia al control de una línea que es “cimiento del arte pictórico”, la realidad es que, con metáfora o sin ella, el dibujo es misterio y conmoción cuando vemos cómo se deja llevar la mano por los impulsos creativos, conduciendo el punto por caminos y veredas de la imaginación hasta manifestar en su desnudez más auténtica la esencia creativa plástica, y todo esto en unos tiempos que reclaman con ardor una palabra: creación, sin adjetivos que recuerden tendencias conservadoras, reaccionarias o vanguardistas, y con el acento puesto en la audacia de la expresión de una legítima verdad interior.

El dibujo, “conciencia de la pintura”, es y será siempre disciplina imprescindible para dominar el mundo de las artes plásticas. Promoverlo, apoyarlo e incentivarlo es misión de nuestra Academia cuyos orígenes están avalados por unos decorosos anhelos docentes. Más allá del número de participantes está la obligación de mantener con tenacidad el sueño de seguir ofreciendo una actividad que prestigia a nuestra comunidad, como toda iniciativa elevada. Incentivar a los creadores forma parte de los fines de la Academia, como también incrementar el patrimonio de ésta para goce y disfrute de la ciudadanía. Es un deber de gratitud y reconocimiento a los que nos precedieron en esta Casa. Hoy los Académicos somos proyectos de la realidad de nuestros antepasados.

La exposición de cuarenta y seis trabajos corona anhelos que llevan implícitos una apuesta por el dibujo que deseamos sea objetivo preferente, como también lo es la responsabilidad moral de disponer de una colección de obra pictórica que enriquezca el patrimonio artístico que hemos heredado,reivindicar espacios adecuados para mostrar nuestro mejor legado y fomentar donaciones a nuestra Academia.

Manifestamos nuestra gratitud al Ayuntamiento de Granada y al Ministerio de Educación por su apoyo a este certamen, y a Cervezas Alhambra, cuya cortesía subraya con delicadeza, un año más, la inauguración de esta exposición.

Felicitamos a D. Guillermo Adolfo Pérez Masedo, ganador del IX Concurso de Dibujo por su obra Sin título, con el lema Vorace Alexander; al finalista D. Paco Lafarga y a los treinta y nueve autores seleccionados para la muestra.

Y expresamos nuestro agradecimiento a todos los que han concursado, por el gesto de depositar su confianza en nuestra Academia.

José García Román
Director de la Real Academia de Bellas Artes Nuestra Señora de las Angustias

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad